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domingo, 1 de enero de 2012

¡Feliz 2012! Empezamos y ya hay concurso :D

¡Hola, hola! Espero que se la hayan pasado genial en estas fiestas pasadas... ¡Pero aguanten! Ya sólo falta Día de Reyes.

Y bueno no hay mejor manera de empezar el año que con un concurso, y Gustavo del blog Hojas mágicas ha organizado un sorteo que no dura mucho, pero en el que puedes llevarte un ejemplar de Donde los árboles cantan de Laura Gallego.

Es internacional así que... ¡¡¿Qué esperan?!!

sábado, 10 de diciembre de 2011

Quiero Sombra Nocturna con Itzel Library


Hola a todos, vengo a invitarlos a un concurso. En el pueden ganar un ejemplar de la novela Sombra Nocturna de Andrea Cremer. ¡¿Qué esperan?!

(Clic en la imagen para consultar las bases)

¡Saludos!

lunes, 23 de mayo de 2011

Quebró sus alas de cristal - Punkie Shinoda Van Castle.



-Todos estamos acompañados en la soledad, pero todos siempre estamos solos… - escuché tu voz.

Vi mi mano - la cual sostenía todo mi peso - junto al espejo, aún quedaba sangre en la comisura de mi labio y varios moretones empezaban a hacerse visibles en mi rostro, tu rostro.

Ahí estabas como siempre; desde que puedo recordar…

Compartimos los mismos ojos de mirada vacía, labios temblorosos y agrietados, una nariz afilada, pómulos lánguidos, piel pálida, cabellos largos y enmarañados. Una imagen bastante demacrada para alguien de 27 años.

Volvía a escuchar esos gritos que parecían provenientes de todos lados y se intensificaban.

-¡No más! ¡Por favor!
Salí del baño, corrí y entre lágrimas terminé hecho un ovillo en medio de la mullida cama.

Vista borrosa, convulsiones, sonidos sordos, la habitación parecía dar vueltas. No entendía que sucedía, tenía calor y… era necesario vomitar.
Como pude me levanté a trompicones, tenía la garganta seca, y lo que vi me dejó sin aliento…

-Mami…- dije en un susurro.
Estaba en uno de los sillones blancos llena de sangre y el, que no era mi papá la seguía golpeando.
-¡Lárgate de aquí mocoso!- de una bofetada me lanzó hacia la alfombra donde había botellas regadas, cigarros blancos, además de unas pastillas de colores, como la que me dio horas antes.

Me quedé inmóvil por unos minutos, hasta que tomó de los cabellos a mi mamá y la empujó cerca de donde yo había caído. Ahí la pateó muchas veces.
-¡No!- grité. Cerré los ojos fuertemente. Algo escurría entre mis puños apretados. Su cuerpo estaba sobre mí.

-¿Qué hiciste? ¡Lo mataste! ¡Me voy a quedar sola!- gritaba mi mamá como loca, mientras se tocaba el vientre.
Los vecinos llamaron a la policía y estos a su vez a una ambulancia. Gente entraba y salía.
Una muchacha me cobijó con una manta y me hacía preguntas. No podía hablar tenía miedo. Frío y luego todo se volvió negro.

Desperté, la luz era demasiado intensa. Conocía ese lugar, me atraparon otra vez. Me di cuenta que me observaban y ellos lo sabían.
No quería estar encerrado, jamás lo necesité. ¿Porque no me dejaban morir?

Después de 5 días en el hospital, mi mamá reaccionó. Por fin la podía ver de nuevo, quería estar con ella otra vez; deseaba ser feliz como lo era cuando vivía mi papá.
Pensé que todo sería como antes cuando dijo que me llevaría a conocer un lugar que iba a gustarme, pero no fue así… Me dejó en las puertas del infierno…
¿Por qué tuvo que dejarme? Yo también necesitaba una familia y a ella no le importó.

No recuerdo mucho de mi vida, sé que he pasado por cosas difíciles y que he hecho otras tantas por las cuales no debería estar aquí.
No sé cómo, pero así soy. Innumerables veces ha corrido sangre por mis manos y no sólo es la mía.

Me he hecho adicto al dolor, a las pastillas, a los golpes, a la sangre… a intentar desaparecer…
Ya nada duele lo suficiente, el sopor entumece mi cuerpo y ya no deseo despertar.

Ahí estabas de nuevo junto a mí, no entiendo cómo puedes permanecer a mi lado, si no tengo salvación. Estoy hundido en la oscuridad.
-Sabes que me tienes a mí… y este es el precio. -dijiste.
-Lo sé, ¿por qué no me has abandonado también?

Miles de imágenes se revolvían ante mis ojos, en todas estabas; antes de que la pesadilla comenzara.
Por eso siempre estabas conmigo y la mayoría de las veces me decías que hacer. Me diste valor y odio. Quería herir a todos y desquitarme por el sufrimiento que el mundo me dio. Sólo tenía a ti.



Dos personas se encontraban observando al muchacho a través del cristal.
-Doctor, ¿cómo está? Estoy preocupada por él.- preguntó una mujer casi llorando.
-Empeora cada vez más rápido. Mejora algunos días pero regresa a su comportamiento agresivo.

El doctor se acercó a la mesa y tomó el expediente, al mismo tiempo que le indicaba a su acompañante que tomara asiento.

-Dice que no está solo, que una chica esta con él y que los dejemos tranquilos. Se pone histérico cada que le llevan sus medicamentos y quiere golpear a los encargados.
-Si me hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando en mi propia casa, mis hijos no hubieran pasado por esto.
-Confío en que lo habría evitado señora, no es su culpa.

El aire fresco tocaba mi rostro, estaba sentado en las piernas de mamá, tocaba su barriga; mi hermanita estaba ahí. La ventana de su recamara y esa silla mecedora eran mi lugar favorito en el mundo.
-Eres un pequeño regalo que el cielo me dio… te amo mi pequeño eres un ángel.
Desperté más agitado que de costumbre, hacía mucho tiempo que no soñaba con mi madre. Ahora más que nunca sentía que necesitaba verla.
Pero al recordar que me había abandonado la ira regresaba, y me dominaba rápidamente.

Dos doctores y la joven mujer estaban en la sala de un consultorio.
-Estoy lista para contarle lo que sucedió... –Le temblaban las manos mientras recordaba- le reitero, todo es mi culpa...

-¿Por qué dice eso? –dijo la doctora a quien acababan de entregar el expediente- Aquí dice que la adicción de su hijo es culpa del padre.
-En parte, pero dígame ¿Qué madre no hace hasta lo imposible por cuidar a sus hijos? Yo no lo hice, y he pasado 27 años de mi vida arrastrando la culpa y sufriendo porque no puedo hacer nada por mi hijo…

El ambiente era tenso, y el nerviosismo se notaba; revisaban papeles, tenían la esperanza de hacer algo por el chico internado.
-Todo pasó cuando mi niño tenía 5 años –suspiró- en ese entonces tuvimos problemas económicos y mi esposo perdió el trabajo. Así que me tuve que hacer cargo de los gastos…

-Continúe por favor, es necesario que nos de toda la información posible; quizá todavía estemos a tiempo de hacer algo por él. –comentó el doctor mientras le entregaba la caja de pañuelos desechables-.
-Gracias- volvió a suspirar- Después de los primeros 5 meses noté que algo raro sucedía con mi pequeño, estaba más callado de lo normal y cada que no le daba lo que pedía se comportaba de manera agresiva. Me llamaban mucho del jardín de niños, me decían que era muy conflictivo y siempre me preguntaban qué pasaba con él.
-¿Ya estaba embarazada entonces? ¿El niño no se sentía desplazado?- cuestionó el médico-.

-No, él estaba feliz por tener una hermanita. Se emocionó muchísimo cuando le di la noticia. Al principio pensé que se comportaba así porque casi no me veía, yo era ama de casa así que fue un cambio muy drástico.
-Debió afectarle mucho, ya que usted estuvo siempre con él.- afirmó la doctora.
-Pero después no se daba cuenta de lo que pasaba, fue cuando me di cuenta que estaba drogado…
-¿Dice que el padre era el que lo drogaba?
-Sí, comenzó dándole mis pastillas; he tenido depresiones muy fuertes por lo que siempre tengo medicamento…
-Eso explica los cambios de humor tan cambiantes que tiene.

-No lo quería cuidar, así que prefería tenerlo dormido en un rincón. Me preocupé cuando vi que tomaba demasiado y ni siquiera hacia el intento por buscar un empleo además de que tenía la casa tirada la mayoría del tiempo…
-Ahora cuéntenos, sobre ese día por el que su hijo se pone tan mal, ¿Qué sucedió?- interrumpió el hombre.

-Ese día llegué temprano a casa ya que pedí permiso para ir al ginecólogo para checar el avance de mi embarazo, cuando abrí la puerta encontré un desastre en la sala; estaba todo tirado, había muchas botellas de licores, pastillas, incluso cigarros de marihuana.

-Lo vi sentado en el sillón individual, entonces le pregunté dónde estaba mi pequeño. Me respondió con una risa macabra, se levantó y me empujo al otro sillón. Dijo cosas que no podía entender, al ver que no le decía nada opto por golpearme.
-En ese momento apareció mi niño tambaleándose, de una cachetada lo mando al piso. No podía dejar que lo maltratara de esa manera, pero me impidió que me moviera y continuó golpeándome. Ahí fue cuando mi pequeño me defendió y atacó a su padre con esa navaja…

-¿Por qué el joven dice que lo abandonó?
-Las autoridades después de revisar la situación en la que estábamos, me exigió hacerme unos exámenes, para el proceso de demanda y el divorcio me obligaron a dejarlo en una casa de asistencia social, no fue nada fácil; sentí que se me rompía el corazón al dejarlo ahí.- dijo limpiándose las lágrimas y hablando entrecortado.
-¿No había algún familiar que pudiera hacerse cargo?- cuestionó la doctora.
-No, solo me tiene a mí. Y ya ven, ni siquiera lo pude cuidar bien…



Era un día nublado y frío, una mujer estaba arrodillada frente a una pequeña lápida, limpiaba el pequeño lugar y dejaba unas flores.
-Mi vida perdóname, no supe cuidar de ti… Mi pequeño angelito, por mi culpa quebraste tus alas; no pude enseñarte a volar…
-Sabes que hubiera dado mi vida por ti… Me duele tanto no haber evitado todo tu sufrimiento…
-Yo siempre estuve enferma y fue uno de los males que te heredé, por eso la mayoría del tiempo estabas triste. Lamento todo lo que tuviste que pasar y que tuvieras un final tan trágico… Pero ahora estas en el cielo y ahí ya nadie podrá dañarte…
La demacrada mujer abrazó la lápida y lloró desconsoladamente mientras se mojaba con la lluvia de otoño…

-Te amo mi niño…- susurró temblando- ahora sí podré estar contigo…

Un ramo de rosas negras - Bruha Brujah



Se me ha hecho de noche y aún sigo sentada en este banco del parque desde el mediodía. Como una película que acaba de empezar, no dejo de ver en mi cabeza lo ocurrido hoy. ¿Por que Laura me trató así? Los amigos comparten sus secretos, los mas íntimos, ¿no era lo que ella quería?, después de tanto tiempo pidiéndome que le contase algo que nunca hubiera contado, después de someterme a interrogatorios en el café, hice lo que quería, hablar, contestar a sus preguntas.

Esta mañana me llamó mi mejor amiga, Laura, decía que tenía que hablarme del chico del Chat, que había quedado con él. Nos citamos en la cafetería de la plaza junto a mi casa, sobre las cinco. - ¡Que horror! ¡No se que ponerme, siempre llevo los vaqueros y la camiseta de rayas, hoy vestido! -

Ya son las cinco y llevo sentada en la mesa de la terraza desde las cuatro y media, quiero verla como se acerca desde el aparcamiento, se me eriza la piel cuando se toca el pelo mientras anda. Ya se sienta, y mi pie reacciona por culpa de los nervios, - Se va a dar cuenta, aunque algún día tendré que decírselo - No puedo evitar sonrojarme cuando me habla mirándome fijamente a la cara, esta emocionadísima con el chico este del chat, y yo solo sé mirarla y asentir con la cabeza.

-¿Bueno, que me dices entonces?- dijo Laura. - ¡Chica! Estás ausente, ¿quieres contarme algo?, ¿Te ha ocurrido algo en el trabajo?
-Pues... si quieres que te diga la verdad, no veo claro lo del chico. Yo no me fiaría mucho de alguien que conoces por un chat y habrá inventado el noventa por ciento de su vida, solo por acostarse contigo.- le dije casi sin tomar aliento- Y por otro lado hay algo que llevo tiempo queriéndote decir pero no me atrevo.
- ¿Que es? ¿Es sobre algún amor secreto tuyo?, nunca hablas de chicos, ni siquiera sé con cuantos te has acostado, y esas cosas las hablan las amigas, supongo que te da vergüenza hablar de ello, pero conmigo no debes cortarte.

Cogí el vaso, le di un trago hasta dejarlo vacío y empecé a hablar. Retorciendo el filo del vestido muriéndome de la vergüenza, le dije que estaba enamorada, que no quería nada con los hombres desde el primer novio que tuve, que solo existía una persona que me hacia temblar con sólo verla caminar y que me moría de ganas por darle un beso hasta quedar sin aliento...

De pronto sentí que su silla se iba hacia atrás, y con voz nerviosa pregunto que tenía claro que era una chica, pero que quería saber quien era. Ya que me había soltado la melena, le dije que era ella y sin más me dio una bofetada que me giro en la silla, oía insultos a lo lejos, mientras se acercaba al coche, y claramente mirándome a los ojos desde la distancia dijo que no quería verme nunca más.

Sentí como mi cara se hinchaba por la bofetada, un escalofrío recorrió mi cuerpo y empecé a vomitar...Tengo que verla por última vez, aunque ella no quiera, tendrá que verme y decirme ¿por que me trato así?

Le he mandado, desde donde esta su coche aparcado, veinte mensajes al móvil, me cuelga las llamadas, así que rompo el cristal del coche y hago sonar la alarma, es la única forma de que venga hasta aquí. Mientras me escondo por la puerta del acompañante la veo llegar muy nerviosa y trae algo en la mano, no lo veo bien pero es metálico porque la luz de la farola lo hace brillar. Me levanto y ahí esta ella, en pijama con un cuchillo en mano mirándome con odio...

-¡Déjame en paz perturbada!, Te dije que no quería volver a verte, no quiero que vuelvas a llamarme, ¡me das asco!
Sin pensarlo le quite el cuchillo y la abracé notando crujir la tela del pijama y su respiración sobre mi cuello, no podía soportarlo mas, había perdido el amor de mi vida simplemente porque ella me veía como una enferma, no quería ni siquiera entender lo que sentía, le daba asco como amante y como amiga. Su sangre caliente caía por mis manos dándome un placer que nunca sentí.

La bese mientras su respiración se hacia mas lenta y decía palabras que no entendía, sentí el orgasmo de mi vida mientras mi amada caía moribunda en mis brazos. No había otra forma mas bella de despedirme de quien mas amaba, quizás ella comprendiera en los minutos que le quedaron de vida, que la amaba tanto que no podía perderle, que no quería que nadie me la robara, quizás me dijera Te quiero, mientras su sangre nos hacia de alfombra.

La deje tumbada en el suelo y me senté en el banco que había frente a ella, la miraba y caían lagrimas de despedida por mi rostro, mis manos llenas de su sangre limpiaban mis lagrimas y manchaban mi cara, - Esperaré a que despierte, la volveré a besar, ahora estamos unidas con sangre, ya solo será mía!....
…
-Laura, cariño, vamos a ir a casa, es de noche y hace frío, y estás en pijama.

No me ha visto nadie discutir con ella, suerte la mía, cogí a mi amada Laura y la subí a mi coche, estaremos mejor juntas. Cuantas veces he soñado con este momento, compartiendo la misma cama, la misma casa, en secreto, sin que nadie más que estas paredes sepan de nosotras. Mi amada no me habla, pero no lo necesito, con mirarla y sentirla, me conformo.

-Estás sucia amor, voy a darte un baño y cambiarte de ropa, ahora cenaremos juntas, esta noche es especial.
Mientras Laura se relaja en la bañera, le daré una sorpresa, unas velas en la mesa junto a unas bonitas flores. Le pondré algo de música clásica de fondo, que sé que a ella le gusta. La cena, la sorprenderá, haré mi mejor plato. Le ayudaré a salir del baño, la secaré suavemente y vestiré. Ese camisón de seda rojo le queda estupendo, jamás la vi tan dulce, tan bella.

-¿Quieres vino? Toma tu copa, ¿no bebes?
Parece que está enfadada conmigo, no habla, no me dice nada, tal vez sea la situación, se hace raro verte con quien era tu amiga, viviendo una historia de amor, ¡claro!, ¡eso es!.

Nos tomamos el vino, y mientras el horno se calienta la saco a bailar, ella echa su cabeza sobre mi hombro, parece que todo va sobre ruedas, mi gran sueño hecho realidad, las dos juntas, nadie más.

-¿Tienes hambre? ¿Quieres que prepare la cena ya? Siéntate tranquila, te haré mi plato más especial, te encantará.
Ummm... la habitación está llena de música, a su vez la cebolla cortada en finas tiras desprende su aroma desde la sartén, en mi mano la segunda copa de vino, preparando el exquisito plato.

-La cena está servida, come un poco amor, ¿no tienes hambre?, la he hecho para ti.
Yo si comeré, hacia tiempo que no me llevaba a la boca nada igual, lástima que ella no quiera, esas texturas recorriendo mi paladar, me erizan los sentidos, entre el vino, la cena y Laura tan bella en la mesa, mi libido escala hasta lo más alto de mi cuerpo, hoy me siento plena.

Después de tanto tiempo sola, de no hablar con nadie, de no tener a quién amar. La luna entra por la ventana acompañando a la luz de las velas, a los violines que nos mecen en la habitación. Siento a Laura en el sofá y la beso, pero ello no responde, de pronto suena el timbre, será mejor quitar la música, apagar las velas, nadie debe saber que estamos juntas.

-Shuhhhhhh, calla, ellos no saben que estás aquí.
-Policía, abra la puerta!
Cojo a Laura y la llevo a la cama, no quiero que conteste, ellos no tienen que estar aquí. Que se metan en sus vidas, ¡que se vayan!.

La puerta cayó como si de un papel se tratara y cuatro tipos armados entraron sin permiso. Me agarraron con dureza y esposaron mis manos a la espalda.

-¡Dios! ¡Está llena de sangre!-dijo uno de ellos.
-El suelo también, y la silla, y hay restos de algo que no sé muy bien que es, pero está cortado a trozos en la encimera.
Mientras recorren rincón por rincón mi casa, tiran de una patada la puerta de mi habitación que estaba cerrada con llave, la han encontrado, nos separaran, son crueles, no respetan que dos mujeres se quieren. ¡Los odio!
-¿Qué es esto? - dijo uno de los policías mientras vomitaba contra el quicio de la puerta.-¡Jefe por favor, venga aquí ahora mismo!.

Nadie me preguntaba, nadie me decía nada, simplemente me llevaron al coche y pusieron una inyección de algo que me produjo un largo sueño, mi amada y yo otra vez separadas...

Han publicado lo nuestro, el celador me ha dejado el periódico de hoy, lo estoy leyendo, es el titular, han destruido nuestro más preciado secreto, han roto una historia de amor:

Hallado el cadáver de la mujer desaparecida de su domicilio esta misma tarde. Al parecer, tras una fuerte pelea con su pareja, presenciada desde la ventana de uno de los vecinos, a altas horas de la madrugada, la sospechosa del homicidio sube a la víctima a su coche y es encontrada en su casa.

La víctima presenta heridas provocadas por un cuchillo en el estómago, se observa una profunda herida en el costado en la que vemos que le falta parte de su hígado, y después de varias pruebas por el equipo científico, hemos descubierto que era tal órgano el encontrado cortado a trozos en un plato y en una sartén. La homicida en un estado bastante alterado ha preparado una romántica cena de reconciliación con trozos de su cuerpo, ahora está internada en el centro psiquiátrico estatal, en situación de máxima seguridad.

Cierra los ojos si no quieres ver - Erzengel.



Espero que me escuches con atención. No pienso repetir ni una palabra.
Te duelen las ataduras, ¿verdad?
Estás incómodo en esa silla, ¿cierto?
Bueno, mejor. Ése era mi objetivo.
Por favor, deja de mirarme con ojos inocentes. Yo, mejor que nadie, sé que te falta mucho para ser lo que aparentas.
Viviste toda tu vida fingiendo y manipulando a todos a tu alrededor.
Maquiavelo se arrodillaría frente a ti sin duda alguna, pero no yo.
Mi deber es castigarte, hacerte pagar.

Te conozco más de lo que piensas. Hice bien mis deberes.
Dios te dio la fortuna de ser alguien no sólo carismático, sino también apuesto. Desde adolescente, te divertiste saliendo con cuanta mujer cayó en tus garras.
Sé que nunca mantuviste relaciones serias o sinceras. Te las arreglabas siempre para tener 3 o 4 novias a la vez, “pasatiempos”, como tú mismo les llamabas.
Nunca, tampoco, te detuviste a pensar en sus sentimientos o en el dolor que les causabas cuando comprendían tu engaño.
Y en esa extensa lista que cargas con orgullo, Emily fue una más para ti.

Emily… ella era una chica normal, una de las miles alumnas de la Universidad donde estudiabas.
Aún recuerdo el día en que vino a mí a contarme lo feliz que era porque tú, el chico popular, la había invitado a salir.
Nada dije en ese momento, pues no te conocía y no podía dar consejos, tan sólo desearle la mejor.

La relación entre ustedes fue despareja… Nunca valoraste las sonrisas que te regalaba, ni fuiste capaz de descubrir cómo sus ojos cambiaban de color al caer la tarde, adquiriendo un tenue tono almendra; jamás atendiste a la alegría que desprendía cuando te veía, simplemente porque sólo tenías ojos y oídos para ti mismo. Ella era sólo una más en tu lista.
¿Cuántas veces la habrás llamado por otro nombre y ella te perdonó?
¿Cuántas veces se habrá dormido esperando tu visita en tanto tú salías de farra?
¿Lo veías divertido?
¿Te daba gracia saber que ella te amaba hasta el límite de la razón?

Seguramente pensabas que lo tenías todo organizado, pero el juego te salió mal.
El día que te descubrió en el cine con Hollie, una de sus compañeras de clase, ésa fue su primera vez. No dudó…
Me llamó diciendo que me precisaba urgente y para cuando llegué a su apartamento, las heridas de sus muñecas habían dibujado dos pequeñas lagunas rojizas en la alfombra de la sala.

No recurrí a emergencias, mi experiencia como médico bastó para salvarla. Sólo fue necesario cuidar luego de su reposo.
Conocía su historia familiar, sabía que sus padres la culparían en vez de ayudarla o acompañarla como era debido, por eso no les avisé de lo sucedido y menos que menos, te noticié a ti.
Permanecí a su lado durante los días que necesitó para abandonar la cama y regresar a su vida.
Ahora que lo pienso, tú tampoco te hiciste presente para intentar que ella perdonara tu falta. Eso ayudó…

Ni bien se recuperó, Emily prometió que rompería contigo y lo hizo, pero tu orgullo fue más fuerte y no te resististe a llamarla varias semanas más tarde.
Le juraste que la amabas. Suplicaste perdón. Lo sé porque yo estaba junto a ella en ese momento, viéndola llorar de felicidad ante tus palabras.
Entonces te investigué. Necesitaba confrontar la verdad, discernir qué sucedía contigo y saber si mi amiga corría peligro a tu lado.
Descubrí lo que eras y traté de contarle a Emily sobre el error que cometía, más ella no quiso escucharme. Me echó de su casa diciendo que estaba celoso de su felicidad.
¿Puedes creerlo? ¿Celoso yo? ¿Del maltrato que le prodigabas? ¿De las heridas que le generabas con cada mentira?
No, no estaba celoso. Tan sólo te odiaba. Odiaba verte engañándola.
Observar cómo se hundía más y más en el abismo que construías a su alrededor, sin poder yo hacer nada al respecto, eso me sacaba de quicio.
Sabía bien que, tarde o temprano, volverías a lastimarla.
A ella, que era un ángel en carne y hueso.
A ella, que podía regalarte el sol en plena noche con una de sus brillantes sonrisas.
Lo presentía, ibas a matarla con tu abandono. La destrozarías sin dudarlo.
Y fue entonces cuando juré cobrarme con tu vida su pérdida, si es que algo le sucedía por tu culpa.
Y muy a mi pesar, ocurrió…

Aquella tormentosa noche se me dibuja aún tétrica y cercana. Puedo revivir en mis pensamientos esas horas como si hubieran pasado ayer mismo.
Una vez más, Emily me llamó.
Pidió perdón por su enojo ante mi intento de ayudarla.
Dijo que nadie podía socorrerla, ni siquiera yo. Que nadie podía salvarla.
Lloró, confesando que eras su vida y que sin ti, nada le quedaba. Se culpó a sí misma porque no fue capaz de mantenerte a su lado y lamentó, entre lágrimas, tu abandono.
No necesité escuchar más.
Salí veloz hacia su apartamento. Al llegar, comprobé que no estaba allí.
Un instante precisé para pensar en su paradero.
El escalofrío aún rasguñaba mi espalda mientras yo corría escaleras arriba, rumbo a la terraza.
Encontré a Emily parada sobre el borde de la cornisa, observando el vacío que se dibujaba entre ella y el suelo, varios pisos más abajo.

No importó cuánto supliqué.
No importó mi promesa de buscarte y golpearte hasta dejarte sin vida.
No importo, tampoco, mi grito de “te amo”.
Ella tan sólo sonrió, murmuró un “lo siento” y saltó.
La fría noche la envolvió en su oscuro abrazo y se la llevó para siempre.
Hace un año ya que en el cementerio una nueva lápida adorna el paisaje y tú, ni enterado. Tal y como sucedió la primera vez, mientras la tristeza agobiaba mi vida, tú vivías entre risas y fiestas.
Maldito imbécil... Ella lo dio todo por ti y no fuiste capaz de valorarlo.

¿Sabes? En todos estos meses, mi mente vagó sin destino preciso.
Mis pensamientos recorrieron cada centímetro del purgatorio buscando el escarmiento adecuado, mis neuronas trabajaron más de lo que lo han hecho en toda mi existencia.
Lo pensé una y otra y otra vez.
Diagramé de mil maneras distintas lo que haría contigo una vez que te tuviera a mi merced.

Fue sencillo encontrarte en el pub. Más fácil aún, pagarle a la pelirroja para que te llevara al callejón de la salida de emergencia.
Nunca te esperaste el golpe en la nunca. No me viste venir ni te imaginaste mi furia.
Traerte hasta aquí tampoco fue difícil. Hace siglos que la empresa de mi padre abandonó este depósito.
No hay casas en kilómetros a la redonda. Nadie sabe que estás aquí.
No importa cuánto grites, nadie te escuchará ni vendrá a socorrerte.

¿Crees que Emily lo vivió fácil durmiendo cada noche con su rostro y almohadas empapados en el llanto que le provocabas con tu egoísmo?
¿Crees que me divertía verla sufrir?

Levanta la mirada y presta atención. ¡Escúchame! Ya te lo dije, no pienso repetirlo…

Por tu culpa, Emily se suicidó.
Por tu culpa, me trasformé en esta bestia con disfraz humano que ves frente a ti.
Yo, que dediqué tantos años a luchar contra la muerte, que procuré rescatar cuanta vida pude.
Yo soy… seré… un asesino. Tu asesino.

Ya lo pensé todo.
Sé dónde debo seccionar tu piel y carne. Sé dónde el bisturí cortará tu cuerpo.
No será rápido, lo prometo.
Tan sólo perforaré ciertos puntos vitales.
Tu corazón, luego, hará el resto.
Cada latido te acercarán más y más al infierno donde Emily debe de estar descansando ahora.
Dicen que si te suicidas pierdes el ingreso al cielo. Tú tampoco irás allí, lo juro.

Serán necesarios varios minutos para que tu cuerpo pierda toda su sangre.
En tanto, yo te observaré y guardaré en mis recuerdos estos importantes momentos.
El pánico en tus ojos, el temblor de tu cuerpo, me harán sentir que al menos llegaste a probar en carne propia un poco del sufrimiento de Emily.
Muchos lloraron su muerte y padecieron su pérdida.
Contigo, en cambio, estoy seguro que más de un alma inocente respirará tranquila.

Deja de mirarme así, como si estuviera loco. No lo estoy, en absoluto.
Los locos matan sin razón, por simple placer.
Yo te mataré por venganza, para cumplir mi juramento.
Las promesas no deben romperse nunca, eso bien deberías saberlo.

Ahora, toma aire. Respira profundo.
Dolerá, lo juro.
Llegarás a rogar por una muerte rápida. Pero… no morirás.
No hagas esa mueca. Dije que seré tu asesino. No mencioné nunca cuándo cumpliría mi palabra.

Verás… en todo este tiempo que recapacité al respecto, llegué a la conclusión de que saberte muerto no me ayudará mucho.
Quiero verte pagar.
Llegarás al límite, sí. Estarás caminando por el fino borde que separa este mundo del otro. Yo me encargaré de salvarte.
Esperaré paciente a que sanes. Aguardaré a verte recuperado por completo y, entonces, volveré a infringirte las mismas heridas.
Justo como hiciste con Emily.
Volverás a sentir que la muerte acaricia tu piel, volverás a escuchar los latidos de tu corazón expulsando la sangre por las heridas.
Y volveré a salvarte… y el ciclo comenzará de nuevo.

¡Oh! ¡Vamos! ¡No llores!
En algún momento me cansaré de este juego y podrás morir, pero mientras tanto, yo me divertiré contigo.
Fíjate que tampoco gano mucho. Perderé valioso tiempo por hacerte pagar lo que debes.
Simplemente lo hago por Emily. Ella, que sólo fue una más en tu lista… ella, lo era todo para mí.
Así que, esta bestia, este animal sin escrúpulos que ves manipular el bisturí con tanta gracia, esto soy por tu culpa.
Tu demonio personal.
Tu asesino.
Mmm… “El vengador de Emily”. Sí, suena mucho mejor.

Bueno, basta de tanta cháchara.


Cierra los ojos si no quieres ver.
Lo sentirás todo, te lo aseguro.
Y dolerá, yo me encargaré de eso.
Sufrirás tanto como sufrió Emily. O más, si me es posible…

ASG: Narrador.



Recuerdo que las mesas del café estaban cubiertas de gotas de lluvia, y que el tiempo era fresco y húmedo. De algún modo, dejar que mi mirada recorriera ese escenario desierto y apacible me aportaba serenidad y sosiego.

Por un momento, creo que dejé de aferrarme al bolso de cuero como si fuera un escudo, y permití que mi mano descansara sobre la superficie plisada de mi falda de flores. Cualquiera que me viera, diría que mi aspecto le recordaba a una niña inocente demasiado crecida, y quizás era así. Pero lo cierto es que inconscientemente era ahí donde quería volver, al justo momento en que mi vida era segura y predecible; apacible como esas mesas metálicas desocupadas en la terraza del bar.

Cuando él llegó, se limitó a observarme en silencio. Mi corazón dio un respingo al descubrir al hombre que observaba a la chica embelesada. Me ruboricé hasta las pestañas y me sentí como si me reprendieran.

Él era exactamente igual a como le había visto en las fotos, aunque en la cercanía pude captar aquello que una instantánea no permite: la forma en que sonreía me resultaba familiar, igual que el contorno de sus ojos.

Me tomó la mano y pude sentir su piel áspera y caliente; de pronto, me vino a la mente los días en que yo tomaba esa mano para ir al parque. El aroma de su piel no pudo ser disimulado por el caro perfume que usaba, y eso también me trajo recuerdos.
Dejé que él tomara la iniciativa de la conversación y me limité a observarle, asimilando cada pequeño dato que me aportaba su presencia y relacionando con algún detalle que ya tenía por olvidado. Era cómo vivir en la nostalgia.

Reconozco que me sentía en paz conmigo misma, y su presencia me resultaba más palpable que ninguna otra. Era como si irradiara algún tipo de fuerza que me trasmitía seguridad y sensación de compañía; era como volver a casa después de un viaje agotador para encontrarlo todo en orden, y esa sensación a hogar.

Me sorprendió cuantas cosas teníamos en común; eran cosas minúsculas, cómo la manía de alisarnos el borde las mangas, o tocarnos la base del cuello cuando hablamos de un tema que nos resulta comprometedor.

De algún modo que no puedo explicar, sentía una atracción irresistible hacia esa persona que rozaba el deseo carnal. En el momento en que mi cabeza encontró las palabras, mi rostro se ensombreció y él debió notarlo. Rápidamente se disculpó por si había dicho algo inoportuno. Que fuera tan caballeroso me hizo sentir peor aún.

En aquél momento, estábamos cenando en un restaurante, y nuestra fugaz conversación en el café desierto ya había dado pie a un paseo por el parque colindante y un intercambio de miradas cómplices frente a un puesto de perritos calientes.

Por nada del mundo quería que ese momento acabara, así que no lo hice. Aparté todos esos pensamientos de mi confundida cabeza y me dejé llevar. La velada dio pie a las bebidas y a los recuerdos. Él recordaba muchísimo mas de lo que yo esperaba, y en un momento dado me confesó que jamás se perdonaría el haberme abandonado sin luchar más.
Su debilidad me conmovió hasta un punto que aún no podía sospechar. Nos despedimos cariñosamente y prometimos quedar más a menudo.

Los días siguientes me los pasé cómo en una nube. Realmente estaba pletórica, exultante, llena de vida, radiante y feliz como una novia frente al altar; y sólo permití que ese pensamiento culpable me asaltara brevemente después de nuestras interminables llamadas telefónicas o quedadas intempestivas. Lo había pasado tan mal en mi vida que me aferraba a esos momentos de felicidad con uñas y dientes, aún sabiendo que en el fondo estaba obrando mal.

Medité mucho sobre nuestra idílica situación, y un día me sorprendí fantaseando con cosas que escandalizarían a cualquiera. Me estaba empezando a obsesionar con la idea de darle un beso en los labios. ¿Qué pasaría si lo hiciera? ¿Bajaría el mismo Dios para evitarlo? ¿Dejaría él que yo se lo diera? ¿Me rechazaría si lo hiciera?

En un momento de especial desesperación y unas copas de más, le insinué mis dudas, y él me sorprendió confesando que sus fantasías habían llegado mucho más lejos ya.
- Sólo somos un hombre y una mujer – me decía –. Dos desconocidos que se reencuentran después de pasar muchos años separados.

Pero no éramos sólo eso. Había algo prohibido entre nosotros, y los dos lo sabíamos. Tan solo el hecho de haber sopesado la idea ya suponía que habíamos llegado muy lejos.

Me sentí muy mal y traté de alejarme de él. Pero no podía, no podía… eso me hacía sentir peor que la culpa. Él era tan perfecto, tan parecido a mí. Éramos dos almas gemelas cargando con una maldición que de ser consumada nos convertiría en parias para siempre.

Al tratar de distanciarme, Él reaccionó con un dolor que nunca antes había conocido en un hombre. Me dijo que no podía volver a perderme, que no era justo, que bastante había sufrido en su momento.

Creo que eso fue suficiente para él. Pensar en perderme le hizo reaccionar y actuar. Me vino a buscar completamente fuera de sí mismo y me besó. Me besó con un ardor que no había conocido antes, y entonces mi cabeza dejó de controlar mi destino, y dejé que me corazón cometiera el delito. Y me dejé llevar…

Estábamos pletóricos, felices, ilusionados como adolescentes. Hicimos planes, millones de planes, nos comprometimos de una forma que los demás a nuestro alrededor nunca podrían experimentar, y dimos los pasos que cualquiera pareja normal daría.

En esos días, me mantuve fuerte frente a la culpa, sin dejar que se volviera a colar en mi vida y acabara destrozándolo todo. Simplemente, la defenestré en lo más hondo de mi ser y la dejé ahí enterrada. El hizo lo mismo, aunque su perspectiva parecía diferente: ahora que me había encontrado, nada le iba a separar de mí.

No le conté nada a mi madre, tan sólo que salía con un hombre mayor que yo. Vivíamos en ciudades diferentes, y mi secreto no iba a ser descubierto por los demás. Todo pasó tan rápido y la culpa fue tan ultrajante que no me atreví a ahondar en ello con mis amigas. Así que para ellas todo era normal, dentro de la diferencia de edad.

Pero pasó algo que habíamos intentado evitar: me quedé embarazada. Fue un shock para mí descubrirlo; había aceptado cargar con las consecuencias de mi atrevimiento, aún por terribles que fueran, pero nunca había pensado en hacer partícipes de ellas a un ser inocente que aún no había nacido.

Para Bill también fue una sorpresa, pero rápidamente dejó claro que actuaríamos como yo quisiera. Por supuesto que quería al bebé, pero conocía los riesgos y el daño que me estaba ocasionando esta situación. Si me decidía a abortar, él me apoyaría y jamás me lo echaría en cara.
Yo estaba más perdida que nunca, y permití que la culpa emergiera con más fuerza que nunca. Fue como si una burbuja de petróleo rompiera en la superficie del mar de mi esperanza contaminándolo todo. De pronto todo fue oscuro, pútrido y sucio.

Pero me descubrí a mí misma siendo más fuerte de lo que esperaba ser. Los años junto a Bill me habían dado paz y entereza, y ahora ya no era una niña abandonada. Decidí seguir adelante con el embarazo, y así fue como cometí un nuevo pecado.

Dada nuestra situación, no nos podíamos casar, aún teniendo apellidos diferentes. Era demasiado arriesgado. Bastaría con que mi madre viera el apellido de Bill para atar cabos. Y yo no podía echarle en cara si reaccionaba como una furia.

La única solución fue alejarnos aún más, irnos más lejos, llevándonos el secreto con nosotros. Nos fuimos a un lugar dónde creíamos que jamás nadie nos reconocería, y dónde podríamos criar a nuestro bebé cómo un familia más. Después de que naciera mi primer hijo, vinieron dos más. La dicha que sentía era inexplicable, y sólo la enturbiaba esa maldita culpa.

Llegado el momento, sabíamos que tendríamos que dar las explicaciones oportunas a mucha gente. Gente que seguramente se sentiría mal y traicionada. Y entonces todo el mundo me preguntaría cómo es que fui capaz de enamorarme de mi padre.

Nota de Narrador:
Por atracción sexual genética (GSA) se entiende la atracción sexual entre parientes cercanos, tales como un hermano y una hermana, o un padre biológico y su hija. La GSA, puede ocurrir como consecuencia de la adopción o separación de los progenitores, cuando los niños deciden buscar a los parientes con los que han perdido el contacto.

Aunque ésta es una consecuencia infrecuente de las reuniones adoptivas, el incremento de los recursos adoptivos de éstos últimos años, ha provocado que se haya producido un número significativo de parejas entre parientes cercanos. Desde el punto de vista ético, existe una fuerte sanción social respecto a éste tipo de conductas, pues la atracción sexual entre hermanos, contraviene la norma moral y legal de la mayoría de las sociedades civilizadas que conocemos.

Técnicamente, no se puede hablar de incesto en estos casos porque se tratan de dos personas que comparten su genética, pero no una convivencia y las relaciones que eso conlleva. A fin de cuentas, son dos desconocidos que comparten parentesco.

Esta situación es más común de lo que se piensa, y se cree que la ilusión de alma gemela se puede explicar por las coincidencias derivadas de una genética común. Las dos personas se saben muy parecidas y eso les sorprende y atrae. Es cómo Narciso enamorándose del reflejo en el espejo. En realidad se sienten bien por la proximidad que presupone el tener rasgos comunes.

En la actualidad existen parejas consolidadas con esta situación, algunas han dado a conocer su historia. Pero muchas otras no porque sigue siendo un tabú social que produce mucho rechazo.

Personalmente, no tengo nada en contra de que dos perfectos desconocidos hagan su vida de manera libre, responsable y adulta, y dado que nos vamos por ahí investigando si la gente es familia o no nuestra, pues todo estamos expuestos a este fenómeno.

El titulo del concurso me recordó un documental que ví sobre este tema y aproveché que tenía ganas de escribir sobre una relación tortuosa e imposible para soltarme a escribir. No soy un pervertido XD, solo creo en la libertad individual.

Delirio - Angels Ventura.



La sonrisa de bienvenida me ha ensanchado el corazón... ¡Hacía días que lo esperaba!
¡El gesto invitándome a pasar, ha sido una delicia! El primer contacto, una descarga de adrenalina... Las palabras dulces, la progresiva intimidad salvando el tiempo sin vernos, el interés por mi vida y mis cosas ¡Todo ha resultado perfecto!

Cuando finalmente ha llegado el momento, me he esforzado por ahogar el grito de placer que me subía por la garganta, casi incontenible. Me he sacado cada prenda de ropa deleitándome en los instantes siguientes, he andado descalza sin apresurarme, me he colocado delante decidida, me he tumbado despacio ofreciéndome...

Sus manos sobre mis pechos me han calmado el ansia por unos instantes, pero pronto he necesitado más. Cuando me ha invitado con suavidad a separar las piernas, me he mordido el labio para no gemir excitada.

Cuando ha entrado dentro de mí, el contacto ha sido como un río de lava que me abrasaba todo el cuerpo y cuando me ha preguntado delicadamente si me había hecho daño, tan sólo he podido negarlo con la cabeza.

Sé que este sentimiento terco que me ahoga el pecho no tiene futuro: esta emoción que me llena el corazón no tiene sentido, este delirio que me emborracha los sentidos no es correspondido... Los años de diferencia (¡es tan joven!), su matrimonio y mi situación son obstáculos insalvables… Pero siento adentro como crece este amor imposible con cada hora compartida, a cada minuto pasado en mutua compañía...

Ahora atesoro su mirada de seda, su sonrisa tierna, su voz acariciadora, cada palabra, gesto y contacto, para recordarlos después, sola, cuando sea necesario sobrevivir en la separación hasta el próximo reencuentro... Con suerte, podré justificarlo antes de un año.

Al despedirnos, se han vuelto a levantar muros evidentes entre nosotros cuando, tras abrir la puerta y darme la mano, ha añadido como siempre:
-¡Hasta la próxima! No dude en llamarme si siente molestias, Hermana... ¡Y salude de mi parte a la Madre Superiora!

En la hora del ocaso - Erzengel.



El silbido se escucha claramente, atravesando el aire con un agudo grito y el tiempo parece derrapar sin cauce ni sentido, en una monotonía incómoda y febril.
Se estremece. La fría atmosfera del invernal julio colabora con los escalofríos que recorren su cuerpo.
Cierra los ojos recordando una vez más el último encuentro.

-Esto no da para más- había murmurado él, mientras armaba el bolso- Ya no lo soporto.
Ella sólo observaba, incapaz de pronunciar palabra alguna, cómo él preparaba todo para irse.
-Pasaste todos los límites y te perdoné… alejaste a mi familia y amigos, me hiciste creer que el único universo eras tú. Me ataste a ti como mejor quisiste. Pero esto… esto es… ni siquiera puedo pronunciarlo.
La furia viajó por su brazo y se estampó en un golpe fuerte contra la maleta de viaje.
Ella seguía ahí, tan sólo mirando, tratando de encontrar una excusa, una mentira, cualquier cosa para impedir que se fuera.

-Ya no…- su voz se elevó imponente, cargada de ira y coraje, mientras se giró para mirarla con desprecio- Ya no pienso escucharte. No importa lo que digas, ya no voy a creerte. Esto se acabó.
Ella tembló, presa del dolor. Él cerró los ojos y se obligó a tomar el bolso y caminar hacia la salida.
-Aún no puedo creer todo lo que hice por el simple hecho de que te amaba. Y tú… ¡tú y tu reverendo egoísmo! ¿Cómo diablos pudiste hacerlo? ¿Qué estabas pensando? Yo no iba a quererte menos, al contrario, podría haberte amado aún más.
Ella desvió la mirada, avergonzada por el reproche.
-¿Quién carajo te dijo que iba a dejar de quererte porque estabas embarazada? ¿Por qué cuernos me lo ocultaste?- él se contenía de golpearla intentando convencerse de que, más allá de todo, era mujer e indefensa y nunca podría hacerle frente.
Ella seguía observando cualquier punto lejano a él.

-No sé que duele más: saber que abortaste, que mataste a nuestro hijo, o comprender que lo nuestro no tiene ningún futuro. Sólo sé que esto no da para más y no puedo permanecer cerca de ti.
Ahora, él ya estaba junto a la puerta, cargando en sus hombros el equipaje y observándola por última vez. Ella lo evitaba aún, sabedora de sus errores.

-De ser tú, estaría avergonzado de verme vivo sabiendo que asesiné a un inocente- sus palabras ásperas y certeras la atacaban una y otra vez- Pero me vales tan poco en este preciso momento, que la verdad, ni siquiera me molesto en intentar cobrarme lo que hiciste. No. No vales la pena…
Tomó aire, intentando tranquilizarse.
La miró un minuto más, destrozando en silencio el poco amor que le quedaba por esa mujer que una vez había sabido ser su vida.

-Podrías morirte hoy mismo. No me interesa. Ya no me importas…- la puerta se cerró violentamente.
Ella se permitió, entonces, llorar su pérdida.
Él no volvería, eso era seguro.

“Podrías morirte hoy mismo. No me interesa. Ya no me importas…”
Las palabras resuenan aún en su cabeza.
Él prometió no volver y cumplió a rajatabla su promesa.
Mira la hoja de afeitar que brilla rojiza entre sus dedos y se estremece una vez más.
Otro agudo silbido perfora la atmósfera y la sangre comienza a manar de su muñeca con furia.

“…Estaría avergonzado de verme vivo sabiendo que asesiné a un inocente”.
Cierra los ojos. No importa qué tan fuerte apriete sus párpados, la imagen de su bebé muerto la persigue a cada momento.
Toma fuerzas, aspira fuerte y trata de no llorar.
La afilada hoja en sus manos juega contra su piel lastimándola una y otra vez.

“…Ni siquiera me molesto en intentar cobrarme lo que hiciste…”
No precisó armas para lastimarla, las palabras acuchillaron su alma con etéreos visteo.
Que ahora esté llegando a este límite es simplemente una consecuencia coherente de sus propias acciones y el odio que él mostró con gestos y gritos.

Un último silbido se percibe en el ambiente.
El olor profundo a óxido y sal le causa mareos. Cierra los ojos por última vez. Tiene sueño, quiere dormir. Recuesta la cabeza en el suelo y la pequeña arma blanca cae de su mano y tintinea contra el suelo.

La voz grave de él ya no se escucha. Tampoco la respiración de ella ni sus latidos. El silencio absoluto lo cubre todo. El silencio sepulcral en la hora del ocaso…

Mi encuentro - Gabriela Rodríguez.



Entré a un callejón oscuro, había muchos hombres en los que seguramente no podía confiar, tenia mucho miedo era como entrar a una cueva llena de lobos de la que seguramente no saldría, pero seguía caminando con la esperanza de que hubiera una salida al final; ahí también estaba la entrada/salida del bar de donde quería huir, di vuelta pues se veía más luz de la que había en el callejón, sentí pasos, no quería voltear por miedo a que me hicieran daño.

Comencé a caminar cada vez más rápido, un miedo intenso iba subiendo por mi cuerpo recorriendo cada centímetro de mi ser, vi una reja que se interponía en mi huida, la azoté y un presentimiento me dijo que quizá seria la ultima vez que vería la “luz”, tenia puesto un abrigo negro que me cubría desde el cuello hasta las pantorrillas, estaba descalza y con todo mi cuerpo lleno de sangre.

Decidí dar media vuelta y enfrentarme a quien estuviera detrás de mi, volteé quizá con miedo, quizá con ganas de que me matara y por fin terminar, pero estaba parada como a 10 metros de mí, sólo viéndome, continúe, pero se interpuso en mi camino, me le quede viendo, después de todo no creía que una mujer me pudiera hacer daño, me vio y me desvanecí por completo…

Cuando me desperté no podía mover mis ojos, estaba desnuda y había ropa a mi lado, un pantalón de mezclilla, ropa interior que parecía nueva, una playera y un suéter, mi cuerpo estaba limpio ni una gota de sangre; vi una silueta, su cuerpo estaba súper marcado, cada curva donde tenia que estar, no alcanzaba a distinguir su rostro, “No te preocupes vas a estar bien”, volví a quedarme dormida.

Cuando volví a despertar ya me podía mover, ya estaba vestida, me paré y buscaba la salida pero no se veía puerta alguna, ella estaba de espalda, tengo que aceptarlo tenia unos glúteos hermosos, pero era irrelevante, tenia que salir de ahí, me volteó a ver y con una sonrisa me preguntó “¿Cómo estas?”

Llevaba algunos días encerrada con ella, solo me levantaba, comía, baño, y dormir, me sentía débil en demasiadas maneras, no me consideraba secuestrada pues ella a veces no estaba y había unas llaves sobre la mesa.

Decidí después de mucho tiempo que era hora de regresar a mi vida, tome las llaves y me salí, caminé por las mismas calles que caminaba, supuse antes de irme que nadie se daría cuenta de mi ausencia, y no me equivoqué, llegué al edificio, el portero me saludó como siempre “Buenas noches señorita”, mi vecina me miró como de costumbre “Esa bollera”, el perro del vecino del segundo piso movió su cola cuando me vio, mientras Esteban le llamaba “Rodolf deja a la señorita”, parecía que solo me había ausentado algunas horas.

Entré a mi departamento, todo en orden, todo en su lugar, fui directo al baño, tomé una ducha; me paré frente al espejo desnuda, mis pechos no estaban tan firmes como los de ella, mi vientre tenia algunas estrías y no estaba formado como el de ella, mi cuerpo me comenzó a dar pena con cada comparación al suyo, la comencé a extrañar, ahí, parada frente al espejo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, la necesidad que tenia de ella o la necesidad que tenia de salir de esa estúpida monotonía me desgarraba el alma, tuve tantas ganas de romper ese reflejo “Y ni siquiera a eso me atrevo”, me vestí y preparé mi cama, me recosté mirando al techo, no dudé un segundo (primera vez que no dudo en tomar una decisión) hice mis maletas, llené con ellas lo que pude, dejé un poco de dinero por la renta de ese mes, abrí la puerta… Dejé las maletas, regresé directo a la recamara y rompí el espejo con mi puño, volví a tomar las maletas y salí.

Regresé al callejón donde la vi por primera vez, ella ahí estaba sólo parada, cuando me le acerque, dijo “Te tardaste mucho” tomó mi mano, “Cada que te veo hay sangre en tu cuerpo”, le sonreí y caminamos.

Llegando a su casa abrió y me dijo “Si entras ya no vas a volver a salir, no podría soportar el perderte de nuevo, fui a ese callejón dudando si regresarías, sentí como el corazón se me partía en pedacitos y tu ausencia no la soportaría do veces, no es por ti, es por mi y por lo que yo necesito, si realmente quieres formar una vida a mi lado con hijos y todas esas cursilerías entra, pero si no quieres o puedes, es mejor que regreses a tu departamento y finjas que nunca me conociste”.

No entendía por que me dijo tantas cosas, como si nuestra relación fuera de 20 años, como si nos amaramos, como si por lo menos supiera su nombre, pero en ese momento no me importo y decidí entrar, prendí la luz deje las maletas, ella cerro la puerta, dije “Para empezar ¿Cuál es tu nombre?”, se me acerco me susurro al oído “Cly” y me beso, me separe de ella “¿Por qué me besas?, yo no soy lesbiana” Cly me miro con odio, me dio una cachetada, me aventó contra la pared gritando “¿Por qué entraste?, ¿Por qué me engañaste?” introdujo su mano en mi vagina, siguió golpeándome.

Me ató las manos y colgó en una especie de gancho, me rompió la nariz con sus anillos, mis labios ya los había partido, mis senos los movía conforme su voluntad, sus uñas las sentía hasta mis huesos, arrancaba o jalaba (no sabia realmente lo que ocurría, igual dolía) mi cabello, realmente quería defenderme pero no se qué me lo impedía, era como si sus golpes provocaran en mi algo más que dolor, me desmaye.

Cuando me desperté ella estaba parada a mi lado llorando, me senté en la cama y me le quede viendo como si no hubiese pasado nada, le dije “Perdón pero no sabia que era gay hasta que te conocí” mientras recorría su cuerpo para besar sus labios, me tomo de la cintura, y me hizo el amor, fue tan diferente y tierno.

Veía la tarde como poco a poco se desvanecía sobre mis ojos, el sol se ocultaba y la obscuridad comenzaba a rondar mis pupilas, la puerta se abría pero mi corazón la seguía viendo con dolor, la noche pasada había maltratado tanto mi cuerpo que aun el dolor invadía todos mis pensamientos, se abrió por completo, escuche risas de una desconocida, me pare y fui a ver; estaba besando a una rubia con un cuerpo espectacular, me volteo a ver y pareció que no le importo, me acerque a ellas “¡Cly!, ¿Qué haces?” me contesto como enojada “¡Vete de aquí!, ¡Déjame disfrutar de un cuerpo así, y no como el tuyo!” retrocedí algunos pasos, me recargue a la pared y vi, como hacían el amor, la tocaba como si se amaran, como si conocieran todo lo que les gusta, todo lo que les causa placer, y me di cuenta como es que ese mismo termino lo use erróneamente cuando me toco.

Los días siguientes ni siquiera me volteo a ver, estaba enojada con ella así que tampoco yo la busque, ella llegaba se iba temprano y llegaba tarde, no desayunaba ni cenaba conmigo, poco a poco me fui acostumbrando a su ausencia, comencé a ver lo que hacia falta en la casa, a limpiar, barrer, hacer de comer, cada vez más la casa se iba volviendo mi confidente, con quien yo podía desquitar tantas frustraciones, mi corazón rogaba por un poco de su cariño, pero mi orgullo no me permitía siquiera voltearla a ver, me acostumbre tanto a vivir sola entre aquellos muros que se llego un momento en el que no pensaba en ella.

Era una noche de aquellas que la memoria no le importa matar al corazón, veía la hermosa y grande luna que se asomaba por la ventana, Clidia aún no había llegado, así mi mente recordaba el significado de su nombre: “Agitada en el mar” a mi parecer el nombre le quedaba súper bien a esa mujer, lo busque en Internet y encontré este significado, ahí ya no estoy tan de acuerdo:

Análisis por numerología del nombre Clidía

Naturaleza Emotiva:
Naturaleza emotiva, amable y condescendiente. Suave, cordial, sagaz. Ama la armonía de las formas y los métodos persuasivos. Le gusta sentirse alabado.

Naturaleza Expresiva:

Se amolda a todo. Se expresa en la jovialidad, la amenidad y la prodigalidad. Ama la dignidad y el renombre, lo bello, lo que crece y engrandece.

Talento Natural:
Es mente de pensamiento impaciente. Se expresa como pensador receptivo, sensitivo y observador en actividades que requieren de la versatilidad, la novedad y la curiosidad. Recibe aumento en los campos de acción que tocan al sentimiento, al deseo de vivir y al de inquirir en todos los campos, más bien como mente directora que como mano ejecutora. Ama el amor, no por lo que da, sino por lo que es.
Podría destacar en profesiones como vendedora, psicóloga, investigadora, escritora, detective, viajante, corredora de bolsa o de seguros y cualquier profesión que implique manejo de dinero.

Cuando llegó me volteó a ver con aquella mirada de niña pequeña que encuentra a su madre después de haberla extraviado, cerro la puerta y camino hacia mi, me tomo el rostro mientras decía “Perdón por todo lo que te hice pasar, por todas las groserías, palabras, malos tratos que te cause, perdón, no puedo creer todo lo que te hice después de haberme entregado tu vida, perdón” la mire, las lagrimas se me salieron, después de tanto tiempo por fin se había dado cuenta de todo, ¡Esta arrepentida, cambio! Pensé; después de todo quizá la descripción de su nombre no sea del todo mentira, la bese, me beso, nos besamos, extrañaba tanto sus labios, su cuerpo, es tan sensual cada parte suya, tuve un orgasmo ¡Mi primer orgasmo! Fue indescriptible, mis piernas, mis manos, mi vientre, todo mi cuerpo apunto de explotar con tan solo un poco de ella.

Los días comenzaron a tornarse monótonos, ¡un día y que hermoso día! Pero solo uno en el que ella se arrepintió y me amo, después de eso como quizá si me seguía amando y pues supongo que si pero nada mas, llegaba de trabajar –supongo- a las 6.00 me hacia el amor o teníamos sexo –ni siquiera se cual es la diferencia- cenábamos, veíamos un rato la tele me decía –quieres ir a dormir- (no me lo preguntaba, realmente lo decía) me ponía la pijama, e iba a dormir, cuando suponía que estaba dormida ya, salía y regresaba hasta la madrugada oliendo a otro perfume; No quería discutir sabiendo que no podía llegar a nada.

-“A veces dejo que me lastimes, no por que no me pueda defender o por que soy masoquista, pero a veces quiero que sientas ese placer, quiero que tu deseo se cumpla con mi cuerpo, a veces tus uñas u otras veces palabras, dejo que lo hagas por que estoy segura que es mi decisión, a veces la humillación te excita tanto que te la permito, que me rasguñes y quieras destrozarme a besos”.-

Durante los siguientes 15 años formamos una vida suficientemente monótona como tantas otras, tuvimos 2 hijos –Obviamente de mi vientre- Sara y Alexis, Nos mudamos de casa pues aquella estaba muy pequeña para los pequeños, cada fin de semana nos divertíamos exageradamente, por esos días podía seguir respirando durante la semana, ella realmente me amaba esos días; No me atrevía a pedirle más.

Durante esto 15 años soporte más de lo que un ser puede hacerlo, solo justificando la decisión que tome aquella noche, sé que ya estaba harta de tantos malos tratos tuyos, que la vida ¡sí! había cambiado totalmente desde que me salvaste de ese callejón, por primera vez tomé una decisión sin pensar, la tomé por amor, encontré en ti un sentimiento que nunca antes había sentido; pero esa libertad interior me condenó a una prisión a tu lado, mientras me recuperaba de alguna manera me perdía de otra, llegué a un punto en el que las cuerdas de los títeres se quedan largas en comparación a las que tu ya habías cortado y amarrado para mi, me convertí solo en un viejo mueble que decoraba tu casa, me sentía innecesaria para tu vida pero tantas cosas me detenían para salir corriendo; los niños estaban creciendo apenas, la casa necesitaba mis cuidados, de alguna manera extraña estoy segura que necesitas mi compañía, todo aquí me necesita de uno u otra forma.

15 años de mi vida donde pase a ser segundo plano de alguien, me moría en el olvido, quizá si fuera literal nadie lo notaria, o por lo menos ella no lo notaria, me metí a bañar, salí, fui a la recámara me desnudé y me miré frente al espejo, me repetía una y otra vez – Esta soy yo y aquel callejón morí, dejé de ser yo, me tomaste entre tus manos, me sanaste y saliste al mundo – Mientras mi reflejo no refleja más que a Cly, más que mi propio cuerpo, más que mis propios complejos, mas que mi propia forma de pensar, mas que esa figura espectacular que siempre quise, mas que mis sueños y deseos, mas que mi realidad.

Liza - Hunter Headen.



Viernes 26/14/11 Diario

LIZA.

Esta noche ha invadido mis recuerdos, aquella mujer que con tan solo una mirada, encendió fuego dentro de mí.

Me encontraba en el café de la esquina, donde suelo desayunar. Estaba a punto de terminar mi dona y marcharme, cuando la vi entrar. Lo primero que vi fueron sus caderas, estrechas, que se meneaban con cada paso. Sus piernas largas cubiertas por un pantalón de cuero negro ajustado. Una blusa suelta que ocultaba hasta el último centímetro de su pecho. Sus labios color sangre, y su pelo negro perla.

La belleza de aquella mujer me dejo atónito. Se deslizó al mostrador con un suave caminar, perfecto, a pesar de llevar en sus pies, altos zapatos color crema.
No tardó en mirarme a los ojos. Sostuvo mi mirada por diez segundos, cuando se acerco a mi mesa.

-Espero que no hayas terminado ya, no quiero desayunar sola.
Eso no termino ahí, para que describir lo que sucedió esa noche. Nunca estos ojos vieron mujer tan bella.

Mi gran temor, mi pesadilla, se hizo realidad una semana después.
Llegó a casa de su trabajo. Siempre me visitaba al anochecer. Estábamos terminando la cena para luego dirigirnos al cuarto, cuando sus ojos se desviaron de los míos mirando fijo al sillón.

Me maldije mil veces cuando me percate de lo que miraba. Sobre el sillón estaban mis cuchillos, aún manchados en sangre. Estaba también el pequeño bollón con la falange de quien acababa de asesinar. Todo estaba perdido.

Ella se levantó y dirigió su caminar al sillón. Tomó el cuchillo, y un par de navajas.

Sus ojos lucían distinto, un brillo particular se desprendía de ellos ahora. Se acercó a mí con una sonrisa dibujada en sus labios rojos sangre. Me tomo de la mano invitándome a salir.

¿A donde me llevaba? Podría ser a la comisaría.

Asesinamos a un hombre esa noche. Me encargué de atarlo, y ella dio el primer corte, mientras deslizaba la navaja por su pecho, haciendo caso omiso a los gemidos del mismo, me dijo: “¿Es el destino el que junta dos asesinos?” -“No lo sé” le respondí.
Su mano no tembló con el golpe final. Su experiencia era mayor a la mía. Y cuando la navaja dio un giro perfecto al cuello de nuestra víctima me dijo, con voz grave, similar a la de un varón: ¿que crees Hunter?... ¿nuestra relación será destructiva?

Al año nos separamos... sus ojos comenzaron a brillar al verme.

Hunter Headen, 4:23 AM.

El acuerdo - Deborah F. Muñoz.



Nuestro amor era realmente imposible. Yo envidiaba su inmortalidad y él, que no tenía valor para suicidarse, anhelaba mi mortalidad.

Estábamos resentidos el uno con el otro, y nuestra relación degeneró cada vez más, hasta que finalmente llegamos a un acuerdo: él me concedería mi deseo si yo, a cambio, le clavaba una estaca en el corazón.

Tan deseosa estaba de conseguir lo que quería que accedí sin pensarlo, olvidando una cosa muy importante: la inmortalidad sin él… no es nada.

Tarde - Kate PB



Tarde, tarde, tarde.... − Se repetía en mi mente. Abrí la puerta del apartamento lo más rápido que pude, pero las bolsas de la compra me impedían el paso

− ¡¿Que mierda te pasa?! ¿Acaso crees que te voy a esperar toda la vida?.. Llevo esperándote media hora ..¡¿Eres estúpida o que?!
− Lo siento − me disculpe, aunque no sabia por que.
− ¡Muévete!

La cena era exactamente como él la quería, no me gustaría que se enojara.
− Manuel... ¿Puedo ir a cenar con mis padres? − Le pregunté.

Hace por lo menos dos meses que no veía a mis padres, y tres que salía con él. Siete semanas desde que había dejado mi trabajo, cuatro desde que no salía de casa si no era al supermercado y dos desde que no podía dejar de tener esa sensación de que se estaba haciendo tarde.

− ¿Para que? − dijo bruscamente
− Hace mucho que no hablo con ellos − susurré.
− Pues ¿para que hace faltan? quédate aquí, no es que fueran importante. − Su mano se movía diestramente, al pasar el cuchillo por la carne.
− Cierto, no es importante − respondí.

Al día siguiente me levante temprano, a él le gustaba que estuviera listo su desayuno antes de ir a trabajar. Barrí y arreglé la casa, necesitaba que el estuviera feliz.

− Cariño − llamó desde la puerta. Tenía flores en sus manos.

− Gracias amor. − Respondí con una sonrisa, eran petunias mis favoritas.− las pondré en agua.
− ¿Que haces? − Preguntó al rato, mientras me abrazaba por detrás.
− Me arreglo − Alisé las arrugas imaginarias de mi ropa.
− ¿Para qué?
− Marta, la vecina me ha invitado a su fiesta ¡Tendrán un bebe! ¿No es maravilloso? ... podríamos tener uno nosotros − una sonrisa adornaba mi rostro hacia la idea.

− No irás − su mano sujetaba mi brazo fuertemente. Dolía.
− ¡Suéltame! − forcejeé. Pero el era demasiado fuerte.
− No iras − volvió a repetir, esta vez un poco mas bajo... pero su tono denotaba una orden
− ¡Suéltame! − dije − quiero ir.
− Y yo te he dicho que !NO! − Su mano se elevo y se estampo en mi rostro.

- Es cierto. Mejor me quedo aquí. – Dije mientras una lágrima se deslizaba por mi rostro
- ¿Ves como debes escucharme? Yo se lo que es mejor para ti… - Volvió a abrazarme – Vamos. Aun no hemos cenado. – con eso ultimo se dirigió hacia el comedor y se sentó.

Yo me dirigí a la cocina. No hay que hacerlo enojar.

Tarde − Susurro mi mente.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Relato: Entre las sombras de la noche - Erzengel.

1er lugar "Entre las sombras de la noche" de Erzengel.

Otros blogs de la autora:
Erzengel: Palabras al viento
Ángel vagabundo
Ángeles del crepúsculo


Mil y una veces le había dicho a mi hermana menor que no tomara este camino de noche. Sé bien que si me estuviera viendo ahora, sería ella quién regañara y yo el niño en penitencia. Pero necesito atravesar media ciudad lo más rápido posible y la calle
Oscura resulta ser el sendero más rápido.

Es Halloween, la ciudad está vestida para la ocasión y yo que llego tarde a la fiesta donde mi cita me espera.

Mariel, la chica nueva del instituto, aceptó ir conmigo al baile y ya voy tarde. Mis padres no tuvieron mejor idea que salir de compras, dejándome a cargo de mi hermana. Para colmo, como penitencia por haber chocado con mi auto, mi padre ha decidido no prestarme el suyo…

Suspiro.

Hacía ya mucho tiempo que no visitaba ese lugar. Podía percibir todos los cambios, algunos sutiles, otros visibles desde lejos.

No le asombraba en absoluto el avance de aquel sitio. La ciudad se había expandido, ahora se colmaba de luces y colores.

Nadie la recordaba, por eso mismo se había permitido a sí misma regresar.
No era bueno permanecer mucho tiempo en una misma zona. No, no le convenía en lo absoluto. Pero ya era tarde y no tenía otro lugar dónde ir.

El antiguo pueblo que había conocido ya no existía, su pasado se había desvanecido con las ultimas calles de polvorienta tierra blancuzca.

Y allí estaba ella, maravillándose al descubrir que la vida se le pintaba nueva, como si acaso le estuvieran dando una nueva oportunidad para vivir…

Sí. Es oficial: yo, Nicolás Alum, estoy bañado de pura mala suerte.
Los taxis a esta hora ya no funcionan por ser día festivo y voy llegando tarde. Dudo mucho que Mariel me esté esperando aún.

La calle Oscura es la única poco transitada. Podría correr sin peligro de que algún carro me atropelle, más no pienso correr, mi traje de noche de brujas es el resultado de semanas completas de ahorro y no voy a estropearlo. No. Quiero llegar a la fiesta en óptimas condiciones. O lo mejor posible, al menos...
Recuerdo que cuando era niño siempre me avisaban del peligro que representaba el camino que estoy transitando.

Toda la ciudad lo sabe. De noche, nunca debes caminar por aquí.
Yo quiero, necesito, llegar al baile. Sino, de ninguna manera habría tomado este sendero.

He leído en los diarios sobre extrañas desapariciones, jóvenes que daban aviso en sus casas porque salían a alguna cita y ya nunca regresaban. Pero de eso, hace más de 50 años. Ahora, todo es leyenda.


El viento sopló levemente y su vestido de suave gasa azul flotó mecido por el aire en movimiento. Buscó la luna en el cielo, no pudo encontrarla.
Una vez más se había sumergido en el océano de recuerdos lejanos.
Para alguien como ella, la vida no se contaba en años, sino en milenios. Alguna vez, hacía tiempo, habían sido muchos; pueblos enteros a decir verdad. Ahora, apenas quedaban algunos…

No se sentía feliz de su naturaleza. No, en verdad lo lamentaba.

Subsistir valiéndose de la vida de otros no es algo de lo que ella se sintiera orgullosa. Más de una vez había intentado escapar a esa debilidad a la cual se veía sometida, nunca lo había logrado. Algo en su organismo la empujaba a sobrevivir, a salvarse cuando estaba más al límite, como ahora.

Estaba débil, precisaba urgente algo de energía. Por eso aguardaba la llegada de alguna lamentable víctima.

Luego se iría y ya no regresaría ni miraría atrás…


Si me vieran mis padres... ¡Y mis amigos! Ni siquiera los matones del barrio transitan estas calles por la noche.

Sonrío. No soy ningún matón, pero estoy acá, caminando sin compañía alguna.
Todo por Mariel.

El cielo cubierto de nubes evidencia la tormenta que amenaza con estallar en cualquier momento. Los relámpagos se dibujan como sutiles arterias en el cielo, mientras yo camino a paso sostenido.

Ya voy a mitad de camino, un esfuerzo más y listo, habré llegado.

De pronto, un sonido llama mi atención. Pocos metros más adelante, algo se mueve entre las sombras.

Mi corazón comienza a latir rápido, feroz.

Una suave melodía se escucha lejana y el miedo que podría haber nacido en mí, muere rápidamente. Apresuro el paso, algo me empuja a saber quién canta con tan dulce voz.
Apoyada contra un árbol, cantando con los ojos cerrados, descubro a la dueña de ese canto angelical.

Mi sorpresa aumenta al comprobar que esa hermosa mujer de cabellos oscuros y cobriza piel no es otra que Mariel.

¿Ella vino a buscarme? ¿O también llegaba tarde a la fiesta y por eso tomó este camino?

Me acerco lo suficiente como para susurrar su nombre y que ella pueda oírme por sobre el viento. Abre los ojos y me observa tristemente. Podría jurar que está asustada, preocupada al verme allí, a su lado.
Da un paso hacia atrás, yo doy un paso adelante. Presa del pánico, Mariel sólo niega con un sutil movimiento de la cabeza.

Por unos instantes, tengo la impresión de que una lucha interna se desata dentro de Mariel y no entiendo lo que sucede; hasta que ella salta sobre mí, abrazándome dulcemente y yo le devuelvo el abrazo, feliz ante su muestra de afecto.

Un escalofrío recorre mi cuerpo…


Ya nada importa. La inocente víctima ha caído en las redes de la araña. Ella lo sabe bien, su encanto es fatal, nadie se le resiste.

Cuando enfocó su mirada en su presa y descubrió quién era en realidad, sintió que la vida le estaba reclamando por todas las bajas que ella había ocasionado.
De todo el pueblo, de toda la ciudad, tuvo que venir a aparecerse la única persona que le importaba.

No podía decir que lo amaba, eso nunca sería verdad. Los de su especie no amaban, no habían sido hechos para amar. Pero había aprendido a apreciarlo, luego de ver su simpatía constante y su amistad sincera y sin prejuicios.

Esto no podía estar sucediendo… ¿Por qué él? ¿Por qué no otro?

Intentó escapar, irse cuando aún le quedaba algo de fuerzas para resistirse a atacar. Toda la distancia que ella marcó, él la desdibujó en un instante.
Si hubiese podido llorar, innumerables lágrimas rodarían por su rostro. Era imposible. Ella no amaba, no lloraba y su hambre clamaba urgente atención.

Temerosa, se acercó borrando todo espacio entre él, su víctima, y ella, la bestia con forma de mujer. Lo abrazó, aspirando el dulce aroma de su piel.

Ese simple contacto hizo estremecer a su presa. Ella volvió a dudar. Necesitaba alejarse, pero no podía…


Mariel me observa con un dolor palpable en la mirada. Trato de sonreírle, me mortifica verla así, tan apenada.

La imperiosa necesidad de besarla despierta en mí con arrasadora fuerza. Acerco mi rostro al suyo, Mariel no se resiste, también busca el beso.
En el preciso instante en que sus labios y los míos entran en contacto, siento el mundo desvanecerse bajo mis pies.

De pronto, estoy cayendo por un oscuro túnel y algo me dice que no habrá salida…


La oportunidad de alimentarse se le presentó sin necesidad de buscarla. Él había cortado toda distancia y estaba ahí, ofreciendo tentativamente sus labios. Anhelaba besarlo, regalarle algo de cariño como agradecimiento por su compañía. Sabía bien que el beso no sería una simple muestra de afecto. El roce de labios significará para él la pérdida de su vida y para ella, la fuente de energía que tanto necesitaba.
Ya no pudo resistirse, sólo actuó por instinto.

Sus labios se unieron en caluroso beso y comenzó a suceder lo que ella menos quería…
Como si aspirara la vida con ese mínimo contacto, sin causar herida alguna ni atacarlo violentamente, absorbió la energía de su víctima mientras sentía que las fuerzas renacían en su interior.

Rápidamente, el cuerpo de ese muchacho que tanto le importaba cayó sin vida entre sus brazos.

El beso concluyó cuando ella percibió que le había arrebatado hasta la última porción de existencia. Entonces, un estremecimiento envolvió su cuerpo. Le dolía haber causado la muerte de ese inocente.

A sabiendas de que podía ser descubierta, cargó el cuerpo y partió rumbo a la casa del fallecido.

Por única vez, se permitió a sí misma dejar la evidencia de su crimen. Quería que su familia pudiera llorarlo y darle sepulcro como correspondía. Era una manera de pedirle disculpas, de sentir que limpiaba su macabro asesinato.

Con sumo cuidado, depositó el cuerpo del muchacho junto a la puerta de entrada y tocó el timbre.

Antes de que nadie pudiera responder, giró sobre sus pasos y marchó veloz, confundiéndose entre las sombras de la noche.
La tormenta estalló al fin, como si acaso la ciudad clamara la muerte de Nicolás, como si el cielo acusara a Mariel por la vida que había destrozado…

-Fin-
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