domingo, 30 de octubre de 2011

Adictos a la escritura: Proyecto octubre "Detrás de las sombras".

Y llegamos a esta fecha y no podía faltar un escrito, les confieso que a falta de tiempo, no revisé mucho este texto y les pido una disculpa por ello, sin embargo, cualquier observación sobre mis 'horrores' de ortografía es bien recibida...


La mujer ataviada en un vestido largo de encajes negros, caminaba todas las noches por cada uno de los pasillos desiertos de la mansión de la colina Heuvel, mismos que parecían conformar un gran laberinto y donde sólo ella podía encontrar sin problemas la biblioteca de su ya fallecido marido; tomar una de las 17 puertas que daban de entre otros lugares a los rosales, el jardín de las fuentes y la bajada principal al pueblo de Fresno, no consideraban mayor problema para sus capacidades cognitivas. Aunque realmente ese recorrido ya era algo más instintivo.

Cada pasillo en cada noche era cubierto por los pasos de la viuda, de la que ya nadie sabía su nombre. Parecía que hubiera nacido con el nombre de ‘La viuda Kirkpatrick’. Una triste existencia, pensaban muchos. Un triste suceso, que después de once meses de casados y polémicamente sin ningún hijo de por medio, llegara a morir Steve Kirkpatrick.

La viuda caminaba instintivamente, ya decía yo, porque ella se había convertido en su mansión. Y las cosas que allí sucedieron fueron dolorosamente trascendentes a la vez que inevitables, pues cuando mis ojos conocieron la gran casa de paredes grises, con sus acabados carcomidos por el tiempo, pero esencialmente indemnes a éste, no pudieron más que quedar maravillados.

Yo estaba absorto, y sin embargo no pude acercarme más, bajé al pueblo de Fresno, en el que me alojé en una humilde posada durante tres noches, siendo la última, en la que tuve como una necesidad vital regresar a la colina Heuvel, y ya no a contemplar el seudo castillo que no necesitaba serlo, sino esta vez en búsqueda de su misteriosa poseedora, imaginando que la propiedad pudiera tomar un lugar prodigioso entre mis vacías pertenencias, más lo que encontré fue relativamente un amor detrás de las sombras.

Poseedora de cinco torrecillas, la mansión de los Kirkpatrick era una construcción extraña y en la que su belleza se había cubierto de intriga. Los de la humilde posada me colmaron de advertencias, absurdas desde esta mirada ingenua y en desventaja en temas de lo sobrenatural. En cambio, sus palabras fueron mi impulso, la ansiedad por corroborar su parloteo y descubrir las posibles incógnitas que encerrase aquella estructura, me arrojaron a un pozo sumamente profundo.

Después de un sinfín de presentaciones, la viuda me recibió sin emoción alguna y a sabiendas de que como muchos otros, quisiera adquirir su mansión. No se lo negué, pero guardé mi ambición al no poder mirarla directamente a los ojos, pues un gran velo negro oscurecía la parte superior de su cabeza. Sólo me percaté de sus labios de un rojo desvaído pero terriblemente antojadizo, ofuscado estaba ya desde entonces.

Ella me propuso quedarme una noche para conocer el sitio, con todo y la gente a mi servicio; no pude negar tampoco eso, pues era un excelente paso para comenzar a negociar. Así, todos nos instalamos en el ala oeste de la mansión que, hasta ese momento y por el exterior, no había revelado más que un poco de todo su esplendor. El interior parecía de otra época, no antigua ni moderna, sencillamente de una que desconocía podía existir, era como entrar en un agujero iluminado, confortable y lleno de una evocación imprecisa, que dañaba los ojos con su belleza, de carácter aventurero en comparación con su dueña, que tras ese velo cubría su pesar y limitaba su presencia.

La comida fue estupenda, aunque la servidumbre de la viuda aparecía por muy poco tiempo y estrictamente para lo establecido por ella. La visita guiada y comandada por la oscura mujer, duró lo que me pareció un simple destello, no sabía si era mi impresión, pero la viuda no caminaba, sino que trotaba sin hacer mucho jaleo con los bordes inferiores de su largo y elegante vestido, siempre negro.

Una puerta y luego dos, cuadros y mesas al por mayor, nos mostraba todo y cerraba las puertas tras de sí, asemejando la creación de un extraño rito de reclusión. Pasábamos de una habitación a otra, cerraba la puerta que acabábamos de atravesar, mirábamos, explicaba con palabras concisas y volvíamos a empezar. Siempre había más de una puerta en cada estancia, de distintos materiales y tamaños, con relieves y sin ellos, con manijas en el centro o a los costados.

Con una agonía infernal, nos detuvimos ante una puerta pequeña que no identifiqué por el hartazgo, al menos hasta que la viuda reparó en ella, era gris al igual que las paredes, parecía estriada y aún siendo puerta no parecía conducir a ningún lugar. A pesar de estar notablemente cerrada, la viuda insertó una llave del millón contenidas en su llavero, no la abrió, se limitó a verificar que efectivamente estuviera cerrada. No hubo más al respecto, pues nosotros seguimos al acecho.

Llegó la noche y finalmente pudimos retirarnos a descansar. Mi consejero bromeó sobre un hechizo aplicado al matrimonio Kirkpatrick y su residencia, cosa que me hizo gracia pero que no demostré, pues empezaba a desconfiar hasta de las paredes de aquel insólito lugar.

Dormí apenas toqué la almohada con mi cabeza, y en mis sueños se descubrían formas que no reconocía, sonidos desoladores de parajes singulares, que atravesaban mi corazón insistiéndome en aquellas cosas en que me había equivocado, cosas a las que no les había plantado cara. El llanto se desbordó por mis ojos y me obligué a despertar. Me asusté.

La viuda Kirkpatrick vigilaba mi sueño a través de la puerta, no podía verla, pero su energía rebasaba el lugar y podía imaginarla inclinada y mirando a través de la mirilla. Con una voz enronquecida por el sueño y la emoción del soñar, la invité a pasar. La puerta se deslizó sobre las bisagras, que rechinaban erizando la vellosidad del cuerpo. Entró sigilosamente y con la luz de la luna, dándole de lleno en la cara a través de la ventana, se despojó del oscuro velo.

Su rostro era encantador, su mirada límpida guardaba un gran dolor. Me levanté e inevitablemente la abracé; como si estuviera destinado a encontrarla, como si me lo hubiera pedido, pero ella ni siquiera había dicho nada. Me besó en los labios, dulcemente como ninguna mujer de mi clase pudiera atreverse, como si el mundo nos lo exigiera, como si en ese cuarto estuvieran las estrellas. Y la hice mía y fui de ella, recorrí su cuerpo con mi impureza y ella lloró después del acto, más comprendía que era por su gran tristeza, porque siempre pasaba lo mismo con sus huéspedes y los dejaba escapar para mantener su amor intacto.

Regresé a mi cama, sabiendo que tenía que irme por la mañana. Y pude sentir que la casa se cimbró, que la viuda se dirigía a los pasillos y que todo suelo pisó. Y de nueva cuenta hizo el mismo recorrido que en la tardé demostró, que miró todos sus cuadros y que lloró en los descansos de las numerosas escaleras y que al final, se detuvo en aquella puerta, que la hacía sentir culpable, que verificaba que de ella nada huyera, porque los restos de su amado Steve Kirkpatrick habían sido depositados por sus propias manos, en ese oscuro lugar, después de una acalorada discusión, como consecuencia del vidrio roto de un ventanal, tras haber caído al suelo, sin volver a mirarla nunca más.

14 comentarios:

  1. está muy chulo, el estilo de la narración me recuerda mucho a los relatos del romanticismo

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  2. Una historia muy interesante, la viuda es un personaje lleno de misterio y pesar (me encanta la foto que has puesto). Y el tono con el cuentas el relato también me gusta mucho, suena como a narración de otra época. Y esa mansión tiene que ser bastante terrorífica y mágica a un tiempo. Un beso!

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  3. Muy romántico y precioso. Me ha gustado sobre todo el final porque imaginaba que esa habitación guardaría alguna relación con su marido
    Me ha gustado mucho, en serio.

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  4. La narración hace del relato todavía más sutil y, en mi opinión, terrorífico:D
    Me ha encantado^^

    Kisses y feliz Halloween:D

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  5. Realmente muy terrorífico y romántico a la vez!!

    Saludos!!

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  6. Me ha resultado muy interesante, también me recuerda a los relatos romantico, quizas a esos relatos de terror gotico, con la casa opresiva y la dama misteriosa. Gracias por compartirlo con nosotras.

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  7. Tal vez sea por el ritmo, para mí toda la historia parece moverse en un mundo onírico, como si nada fuese real. como si mirásemos a través. Saludos.

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  8. Si, estoy con Selín, perece un bello sueño con final de espanto...

    Me gustó mucho, mientras lo leía me imaginaba la mansión de "Gothic"...

    Beso

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  9. Qué hermosa narración, que apropiada para la ambientación de esta historia. *-* Me encantó cómo te quedó <3

    Y ése Final fue de lo más genial owo ¡Me gustó mucho! >w<!

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  10. En ciertos momentos me recordó la película "los otros" de Alejandro Amenabar. Una narración curiosa y envolvente, incluso diría que agobiante en ciertos pasajes. Me gustó leerte.
    Un saludo
    ibso

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  11. Me ha gustado mucho el texto, miedo y romanticismo.. escalofriante =)
    Un beso de una nueva seguidora =)

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  12. Me queda la impresión de que se trata más de él que de ella... No sé por qué.

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  13. Me gustó mucho la narración. No he visto grandes fallos, alguno de puntuación y un par de correspondencias verbales.
    Pero el conjunto es estupendo, y el blog también.
    Te sigo
    Un saludo

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  14. La enigmática viuda nunca dejará de ser la columna vertebral de esta misteriosa e impactante historia de horror.

    Muchas escenas del texto llenan de intriga al lector, sin embargo el narrador es sólo una persona que logró conocerla y entregarle su cuerpo y alma, a aquella mujer que había perdido al hombre de su vida.

    La parte final me dejó un poco dudosa, ó sea ¿la viuda asesinó al marido después de haber discutido sus problemas maritales?

    Saludos Karuna ^^

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